Cada fin de semana, eh visto como los padres viven una escena muy parecida.
El partido termina. Algunos niños y jóvenes salen felices; otros caminan en silencio y tristes. Algunos celebran la victoria, mientras otros bajan la cabeza porque simplemente se sienten mal. Hay quienes jugaron muchos minutos y quienes apenas ingresaron a la cancha. Sin embargo, independientemente del resultado, casi todos llegan al mismo lugar: el encuentro con sus padres.
Desde mi experiencia puedo afirmar lo siguiente: muchos padres, con la mejor intención, aprovechan el regreso a casa para hablar del partido. Analizan las decisiones, comentan los errores, enfatizan pérdidas o lo que duele más comparan el rendimiento con otros jugadores.
OJO …….. Lo hacen porque aman a sus hijos y desean verlos crecer.
Pero existe una pregunta que vale la pena hacernos:
¿Es realmente ese el mejor momento para hablar del rendimiento? esta es la primera incógnita.
Debemos saber algo;
Cuando termina el partido… el juego continúa dentro de la mente de los chicos.
Para nosotros como adultos puede parecer que el partido terminó cuando sonó el silbato final.
Para un niño o un adolescente, no siempre es así. Su mente continúa repasando jugadas, recuerda el tiro que falló, la pérdida de balón, la 5 falta cometida, el pase que no realizó. la bandeja que falló sol@.
Mientras uds como padres van pensando en el tráfico o en el almuerzo, ellos siguen reviviendo cada acción una y otra vez.
Este proceso es completamente normal, (si fuiste deportista; regresa a ser niño y recuerda estos momentos después de un juego).
El cerebro todavía está intentando organizar toda la información emocional que experimentó durante la competencia. Y llegamos a un punto de agotamiento emocional. Dónde podemos afirmar: Competir también cansa emocionalmente
Cuando pensamos en un partido solo imaginamos y vemos el esfuerzo físico. Sin embargo, te has puesto a pensar del desgaste emocional.
Solo nos centraremos durante el encuentro deportivo; lo que un niño puede experimentar en pocos minutos:

- Nervios antes de jugar.
- Miedo a equivocarse/fallar.
- Alegría cuando algo sale bien.
- Frustración después de un error.
- Presión por ayudar al equipo.
- Deseo de agradar al entrenador.
- Temor a decepcionar a sus padres.
- Emoción por ganar.
- Tristeza al perder.
Son algunas de las emociones que aparecen y desaparecen constantemente.
Al finalizar el partido el cuerpo comienza a recuperarse. Pero la mente necesita un poco más de tiempo.
Al finalizar el juego ….. RECUERDA ESTO: Lo primero que busca un hijo no es un entrenador
Muchas veces pensamos que nuestro hij@ espera un análisis técnico del partido. En realidad, la mayoría busca algo mucho más profundo. Busca sentirse seguro, quiere a papá o mamá.
Aunque nunca lo diga con palabras, muchos niños se hacen una pregunta silenciosa:
«¿Mis papás siguen orgullosos de mí aunque hoy no haya jugado bien?»
Esta necesidad de aceptación es muy importante durante la infancia y la adolescencia.
Los hijos construyen gran parte de su autoestima a partir de las experiencias que viven con las personas más importantes para ellos.
Cuando piensan o sienten que son valorados únicamente por su rendimiento, comienzan a asociar el cariño con el resultado. Pero cuando perciben que son queridos independientemente del marcador, desarrollan una confianza mucho más sólida.
El error más frecuente de los padres, esto me cuentan los chicos, “el regreso a casa”.
Después del partido ……
Suben al auto.
Nadie dice nada, hay silencio.
Y llega la primera pregunta.
—¿Qué te pasó hoy?
—¿Por qué fallaste tantos tiros?
—Tenías que defender mejor.
—Hoy estabas muy distraído.
Estas son las frases menos dolorosas desde la perspectiva de los chicos.
Y estoy convencido que ninguna de estas frases nace del deseo de hacer daño.
Todo lo contrario. Nacen del deseo de ayudar. Sin embargo, el problema no suele ser el contenido. El problema es el momento.
En su adentro pasa esto:
En lugar de escuchar: «Papá quiere ayudarme.»
Puede escuchar: «No jugué lo suficientemente bien.»
El cerebro aprende mejor cuando se siente seguro
Uno de los principios más importantes de la psicología del aprendizaje es que las personas aprenden mejor cuando se encuentran emocionalmente reguladas.
Si predominan, la frustración o el miedo, el cerebro prioriza protegerse antes que reflexionar. Por eso, intentar enseñar inmediatamente después de una competencia suele ser poco efectivo.
No significa que nunca debamos hablar del partido. Significa que primero debemos ayudar al niño a recuperar la calma.
La pregunta de cajón: Entonces… ¿qué necesita escuchar?, como padre que debo decir.
Sorprendentemente, no necesita una clase de baloncesto, no eres el entrenador. Recuerda eres su súper héroe, su papá – mamá.
Necesita sentirse acompañado.
Frases simples pueden tener un enorme impacto:

- «Me gustó verte jugar.»
- «Te esforzaste hasta el final.»
- «Estoy orgulloso de la actitud que mostraste.»
- «Siempre disfruto venir a verte jugar.»
- «Te quiero, hayas ganado o perdido.»
Estas palabras no ignoran los errores o resultado.
Simplemente fortalecen la seguridad emocional, que como padre o madre le brindas.
¿Cuándo es el mejor momento para conversar?
No existe una regla exacta. Cada niño es diferente. Sin embargo, en la mayoría de los casos conviene esperar hasta que las emociones disminuyan.
Puede ser durante la comida. En la noche. Incluso al día siguiente.
Cuando el niño ya no siente que debe defenderse, sino conversar.
Ese momento permite hacer preguntas mucho más valiosas.
Por ejemplo:
- ¿Qué fue lo que más disfrutaste, del juego (que hiciste bien)?
- ¿Qué aprendiste del partido?(que puedes mejorar)
- ¿Qué situación te gustaría resolver mejor la próxima vez?
- ¿En qué puedo ayudarte para que te sientas mejor el próximo juego?
Estas preguntas invitan a pensar. No a justificarse. El crecimiento será a partir del error que el identifica. RECUERDA: el principal enemigo de un deportista es uno mismo; necesitamos reconocer que puedo mejorar yo.
Aquí aparece un tema que ya lo hemos hablado antes: El papel de los padres no es reemplazar al entrenador
Uno de los mayores retos de los padres deportistas, es respetar los roles.
El entrenador enseña técnica. Los padres ofrecen algo que nadie más puede reemplazar.
Seguridad, apoyo, confianza, amor incondicional.
Cuando los niños sienten que, además del entrenador, también tienen que rendir examen frente a sus padres después de cada partido, la presión aumenta considerablemente.
En cambio, cuando saben que al terminar encontrarán comprensión, el deporte vuelve a convertirse en un espacio de aprendizaje y disfrute.
La enseñanza que nunca olvidarán
Con el paso de los años es probable que nuestros hijos olviden el marcador de muchos partidos. Tal vez ni siquiera recuerden cuántos puntos anotaron.
Pero sí recordarán cómo los hicimos sentir.
Recordarán si el camino de regreso a casa era un espacio de tranquilidad o de tensión.
Recordarán si podían equivocarse sin sentir que decepcionaban a quienes más querían.
Y, sobre todo, recordarán si después de ganar o perder encontraban el mismo abrazo de papá y mamá.
RECUERDA ESTO ….
«Después de un partido, tu hijo no necesita demostrar que merece tu cariño.
Necesita sentir que ya lo tiene.
Tú tienes la oportunidad de hacer algo que nadie más puede hacer: darle la seguridad emocional, ser el espacio seguro que lo acompañará toda la vida.»
Tal vez dentro de diez años tu hijo no recuerde cuántos puntos anotó aquel sábado.
Pero probablemente recordará el abrazo que recibió al terminar.
Recordará que podía equivocarse sin dejar de sentirse querido.
Porque los partidos duran unos minutos…
Pero las palabras de los padres pueden acompañar a un hijo toda la vida.
La próxima vez que termine un partido, antes de hacer cualquier comentario, pregúntate:
¿Mi hijo necesita ahora un entrenador… o necesita sentir que, pase lo que pase en la cancha, siempre tendrá un lugar seguro a mi lado?
Deja tu comentario ……


